25 mar. 2006

Para empezar...

Ay, pobre Melisa Nunca he sido partidario del castigo físico (normalmente porque era yo el que llevaba las de perder...) a menos que resulte agradable para catigador y castigado. Durante mi infancia, mis amigos y yo vivíamos entre la permisividad de los profesores (aunque unos cuantos guantazos nos cayeron alguna que otra vez) y la intransigencia de nuestros padres. Normalmente íbamos rebotando entre una y otra mientras asimilábamos los traumas sobre los que acabaríamos fundando nuestra personalidad. Salvo muy pocas excepciones no me he encontrado con ningún profesor que mereciera ser respetado como tal, algunos por ineptos, otros por vagos, otros por prepotentes y la mayoría por ser unos falsos; curso tras curso en la EGB, el BUP y finalmente en la Universidad los profesores me decepcionaron más y más. A pesar de que el método natural de aprendizaje de los seres vivos es el ensayo-error, eso de "hago algo que no está bien-me cae una hostia" no creo que sea precisamente la mejor forma de educar a una persona, principalmente porque:
a) Alguien que acepta palos por enseñanza me parece menos persona que el que los propina.
b) El hecho de tener un palo en la mano no te convierte en un modelo de conducta ni te da derecho a juzgar y condenar a los demás.
La Sociedad es sólo un pequeño reflejo de la Vida, el mejor adaptado es el que se va abriendo paso y quien dicta las normas es la Sociedad en sí, no uno o dos individuos que se creen mejores que tú sólo porque tienen más edad, tienen mayor estatus social o porque sí. Contrariamente a lo que muchos piensan, educar es un proceso muchísimo más complejo que decirle a alguien lo que tiene que hacer.

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