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2 feb 2009

Si Cecil Rhodes levantase el bigote...

… probablemente Mugabe se lo inflacionaría.

Ahora que la crisis mundial ya está en boca de todos y el conflicto Palestino–Israelí es la comidilla de perrofláuticos y gabilondos voy a hablaros de una tierra de oportunidades y buen rollo, un lugar maravilloso lejos de las preocupaciones que nos quitan el sueño estos días: Zimbabwe

Cuando uno sale de Zimbabwe a visitar otros países (mucho menos guays) siempre salta la misma cuestión en la cena : “¿Qué tal las cosas por allí?”, y lo dicen con un tono que presagia una respuesta aterradora, como si no cociesen habas en todas partes. Mucho se habla de la impresionante hiperinflación del país, pero no saben verle el lado positivo, los afortunados zimbabwanos que cobran un salario (tienen un paro del 95%) van con sus carteras REPLETAS de billetes.

(Típica conversación en la panadería):
-Joder, cómo ha subido el pan, 1.200.000.000 de zims la barra
-Pché, será por billones…

El día que llegué a Zimbabwe, el dólar zimbabwano (zim) se vendía en el mercado negro a razón de 4.000 zims por dólar, dos meses después se vendía a razón de 500.000 zims por dólar. Al devaluarse tan rápido la moneda, el Banco Central de Zimbabwe tenía que sacar cada semana billetes nuevos (un aliciente para los coleccionistas), y claro, llegó un momento en el que no les salía rentable imprimir billetes porque a los pocos días no valían ni el papel en el que estaban impresos, con lo cual empezaron a imprimir menos billetes, solución muy acertada porque, a grandes rasgos, la hiperinflación del país se debe en mucha parte a la costumbre de sus dirigentes de imprimirse unas cuantas miles de planchas de billetes cada vez que quieren irse de cañas.
En Zimbabwe las telecomunicaciones son un primor, a mí el roaming de Orange me salía a 3,23 €/min. si quería llamar y a 2,42 €/min. si me llamaban. Por la contra, con las maravillosas teleoperadoras nacionales (pronto en manos chinas como en RDC) podía hablar con el extranjero durante horas por apenas un par de céntimos de dólar, eso si conseguía conectar, cosa bastante difícil (uno se acostumbra rápido a tener el dedo pulsando “rellamada” durante horas hasta que por milagro te conecta), y esto pasa aunque le pagues a Orange el impuesto revolucionario (me pregunto qué fracción de los 3,23 € va a parar a las manos de las compañías telefónicas zimbabwuanas); sin embargo pronto se acabó la bicoca, porque a principios de Noviembre la devaluación del zim era tan alta y tan rápida que a las operadoras no les salía rentable prestar servicio, así que se cortaron las comunicaciones. Cuando salí del país, sólo dos meses después de haber llegado, Zimbabwe había pasado de su esperanzadora reconversión monetaria (le habían quitado 10 ceros a los billetes, aunque luego tuvieran que añadirle otros 6) a la práctica quiebra del mercado por falta de dinero físico, y entonces va y se les rompe la máquina de hacer billetes. El sueño de cualquier anarco-primitivista, en dos meses se pasa de una sociedad capitalista a otra basada en el trueque y donde la gente se vuelve a comunicar con tambores (taparrabos ya tenía la mayoría de la población, en realidad nunca tuvieron dinero para comprar ropa).
¿Quién diría que Zimbabwe era uno de los países más ricos de África hace apenas una década?, prueba de ello son los impresionantes centros comerciales que pueblan las ciudades más importantes del país y la extraordinaria belleza de su capital, Harare (sin duda una de las ciudades más hermosas de África). Nada tiene que ver que los centros comerciales estén llenos de estanterías vacías y tiendas cerradas o que la belleza de Harare sólo puedan disfrutarla los cuatro gatos que aún trabajan en el país, porque los barrios pobres de la capital están tan lejos del centro (unos 40 kilómetros), que los “marginales” necesitan días para ahorrar lo suficiente como para costearse el viaje de ida (un sistema de ghetos heredado del Apartheid que a los “salvadores de la nación” les viene muy bien para mantener la ciudad libre de chusma).
Mi alma gallega se solidariza con el pueblo zimbabwano cuando recuerda que un tercio de su población ha emigrado al extranjero, que trabaja para enviar divisas a sus parientes en Zimbabwe para que puedan vivir. Esto, que se hace de forma ilegal, resulta muy conveniente para el gobierno, porque resulta que hace unos años tuvieron un percance con la reserva de divisas del país. Resulta que un día, aburridos de ganar dinero rascándola por las esquinas, los altos miembros del Partido (el ZANU) aprovecharon que podían comprar divisas del Tesoro a precios ridículos para “trabajar” un poco. Digamos que por aquel entonces el cambio estuviese a 1.000.000 de zims/USD, pues ellos podían comprar USD de la reserva de divisas del país a 100 zims/USD; a poco que piense uno se le ocurre la maravillosa idea de comprar USD a granel y luego venderlos en el mercado negro para conseguir sin despeinarse un beneficio del 10.000% (que luego usarían para comprar más USD a precio de ganga para repetir la operación), lástima que la reserva de divisas fuese finita y el país se quedase sin dinero para importaciones.

(Un día cualquiera en la cúpula del ZANU):
-¿Qué más da si no hay dinero para importar?, ¡tampoco exportamos una mierda!
-¡Ya te digo!, si casi ni llegamos a cubrir con producción ni el 40% de las necesidades del país
-Para comprarle un Rolls Royce a mi putilla ya tengo los ingresos por la venta de diamantes
-¡Eso eso!, ¡que pasen las putas de una vez!



La revolución comunista se vivió muy intensamente en Zimbabwe (aunque hoy por hoy los mensajes propagandísticos de Robert Mugabe recuerden más a Hitler que a Lenin) y la muestra de su enorme preocupación por la libertad de la clase obrera está en los magníficos monumentos que ha construido. Cuando los vi por primera vez no pude evitar pensar en qué tal le quedaría a Shaka el Zulú una barba marxiana, toda una oda a la libertad. En uno (muy dorado y muy bonito que reproduzco en forma de foto) intuyo la idea de los tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial (el judicial con RPG) con los que ha sido bendecida la nación que gobierna Mugabe (en el mural, liderando a las masas para causar el mayor número de bajas posible).

A todo esto, he de decir que los zimbabwuanos son gente muy amable (el verdadero valor de esa nación, no los diamantes), educada y, los que fueron a la escuela en los viejos tiempos, muy instruida. Curiosamente casi toda esa gente instruida son antigubernamentalistas, curiosamente la mayor parte de ellos acabaron muertos a machetazos o quemados vivos en los ghetos de Sudáfrica durante la última farsa que llamaron elecciones.



Ahora ya sin coñas, la verdad es que el caso de Zimbabwe no es triste sólo por su crudeza, es triste porque es sólo un ejemplo más del estado de la población en África. Si la gente piensa en África le viene a la mente la cara de un niño harapiento y desnutrido en algún campamento de refugiados, que es una imagen muy socorrida para pedir dinero para sostener las empresas (u ONG’s) que se ganan la vida echando remiendos aquí y allá; pero hasta que no nos demos cuenta de que África es un reflejo distorsionado de nuestra propia sociedad, con sus ideales propagandísticos, sus leyes para unos y para otros, su corrupción política, su analfabetismo funcional… hasta entonces esa gente no tiene futuro, son las víctimas más miserables de un sistema que nosotros mismos sufrimos y que a la vez defendemos con uñas y dientes.

Siempre que vuelvo de África y cuento mis batallitas la gente se echa las manos a la cabeza, yo cada vez veo menos diferencia entre allí y aquí. Esperemos que con la crisis no empecemos a padecer hambre…

1 dic 2008

Good bye Marx

Las vacaciones son un intermedio sagrado, una tregua que da la vida y que sólo los más rastreros, traidores e inhumanos se atreverían a interrumpir. Ejemplos históricos como las estancias de los Reyes católicas en Babia dan buena fe de la fortaleza de este santo acuerdo, que incluso libró a Napoleón de la ejecución por estar “de vacaciones en Elba”. Sólo hay un mandato terrenal por el cual es lícito entrometerse en las vacaciones de alguien, llamar para dar más vacaciones.
Tras las dos semanas de viaje por el Norte (y una tarde de piscina en Harare), el deber nos llevaba de vuelta a Mozambique, pero esta vez al conocido Sur, a Maputo. Mi relación con la capital es estrecha aún en la distancia, no en vano fue el comienzo, hace años, de una pasión cada vez mayor por descubrir (poco a poco) los velos de África. Como no podía ser de otra forma, la bienvenida a casa se celebró por todo lo alto, con rizois. Cuando echo la vista atrás y pienso en todos los momentos tristes de mi vida siempre me lamento de dos cosas: no haber tenido a mano un par de rizois para hacer las penas menos amargas.
Maputo ha cambiado, quizá más incluso que yo, aquel lugar que parecía haber sido bombardeado todas las mañanas por un escuadrón de aviones basureros parece ahora una ciudad como dios manda. Allá donde la hierba crecía sin control ahora crecen las urbanizaciones de lujo, por no hablar del inmenso centro comercial que ha brotado junto al puerto, propiedad del pakistaní más rico de Mozambique (que no es decir poco). Allí nos encontramos con una grata sorpresa, que hasta Amancio Ortega es vulnerable a que le pirateen (¿justicia poética?), aunque tomar las pruebas gráficas casi se convierte en una batalla campal (mientras mi hermano se sobraba con el segurata yo meditaba el darle una paliza a la vieja que vino a echarnos). La tienda se llamaba ZON, pero los carteles ponían Zara y la ropa que vendían era Zara (etiquetas auténticas), restos de la temporada de verano (probablemente comprados a peso); estos moñés sí que saben, en vez de falsificar la ropa (peor calidad imposible) falsifican la tienda entera!!!
Muchas cosas de Maputo siguen siendo las mismas, sobre todo el carácter fiestero de sus habitantes, prueba de ello es que el Coconuts (la discoteca más famosa del país) sigue en la brecha a pesar de que su aspecto trae a la memoria recuerdos del Tsunami; sin embargo han borrado del mapa el mercado del pescado, lugar de diversiones sin fin donde además de pasar una mañana entretenida, por el precio que en España cuesta pegar tres tiros en una barraca de feria te llevabas una langosta de medio kilo a casa.
La semana transcurrió entre cenas y más cenas, la vida social allí es la mitad de las obligaciones diarias, y la calidad de su gente el doble de lo que puedes esperar encontrar en los mejores barrios de Barcelona. Sólo en Mozambique los relatos sobre aventuras en el mato se mezclan entre risas con secuestros de infantes y carreras de Ferraris, sólo en Mozambique antes de irte dormir la mona a casa te cuelas en el casino (con un carnet caducado) para tirar 20 dólares que te picaban en el bolsillo sobre la mesa de la ruleta ante el pasmo de los que allí se estaban jugando miles. Se podría escribir más de una trilogía con el día a día de algunos prominentes ciudadanos de Maputo, tiempo al tiempo...
Maputo es uno de los ejemplos más sobresalientes de la demencial política autoritaria que impera en África con sucesos delirantes como lo que sucedió el año pasado, cuando un polvorín del ejército explotó “accidentalmente” provocando un bombardeo de misiles sobre un barrio marginal; uno piensa que al paso al que crece Maputo (y sus barrios de ricos) pronto tendrán que mover las bases militares porque no les va a llegar el alcance de los misiles a la periferia... aunque no os penséis que en España los políticos son más civilizados, donde los mozambicanos usan misiles, los españoles usamos expedientes de regulación de empleo, es sólo una diferencia de forma, no de fondo.
Pasando por la avenida de Karl Marx mi último día en Maputo no pude evitar sacarme una foto, echas la vista atrás y piensas en el papel político y social que tuvo el comunismo en la descolonización y te das cuenta de lo descolorida que se ha quedado la camiseta según la has ido lavando y la barriga que has echado (aunque la camiseta sí era roja en un principio).



















La anécdota de la semana fue al estilo mozambicano:

(Se oyen unos petardeos rítmicos en la lejanía)

-¿Oyes?, ya hay algún tiroteo por allá

-No, creo que son fuegos artificiales, deben de estar de fiesta en algún barrio

(Tras unos segundos de atenta escucha)

-¡Cierto!, a estas alturas ya tendríamos que haber oído una ametralladora poniendo paz

En África la vida vale mucho menos que en Europa, pero la defienden con muchísima más vehemencia que nosotros. Si los españoles tuviésemos lo que hay que tener, Carme Chacón se vería obligada a ordenar fuego de mortero sobre los trabajadores de la Nisan.

21 nov 2008

Viaje al norte de Mozambique II: Illa de Moçambique

Las cosas que han sido hermosas, por mucho que lleguen a deteriorarse, conservan un eco de su antigua belleza hasta el día en que acaban convertidas en polvo y ceniza; y hablo de cosas, porque de las personas no se puede decir lo mismo siempre, sólo hay que echarle un ojo a Sara Montiel o a Pete Burns para darse cuenta de cuan cruel puede llegar a ser el paso del tiempo (y los malos cirujanos). La decadencia tiene un cierto atractivo casi mágico, destinado a desaparecer de la mano del progreso. Es fácil apreciar esa belleza en lugares como La Habana o Porto, tan fácil como imaginar que en unos cuantos años esa decadencia se irá metamorfoseando, cual Power Ranger, en renovado esplendor. Esta es la situación de Illa de Moçambique, antigua capital de este país de playas paradisíacas y vibrantes langostas. Illa es una isla de 3 km de largo y unos 500 m de ancho, unida al continente por un estrecho puente de 1 km. En uno de sus extremos está la fortaleza de San Sebastião y junto a ella el casco viejo de la ciudad, compuesto por unas 250 casas, la mayor parte ruinosas, que aún conservan la hermosura de aquella ciudad que hace más de 100 años perdió su estatus frente a Lourenço Marques (hoy día Maputo). Algunas casas, hechas de piedra coralina y más ruinosas que las demás, son testigos de tiempos muy anteriores, cuando los árabes tenían allí una base para el comercio de esclavos. En la otra punta de Illa está el antiguo cementerio que aún conserva las tumbas de los colonos portugueses.
Illa es una ciudad de gente extraña. Las paredes de las casas, descascarilladas como la cordura de sus inquilinos, son testigos de una contínua fiesta tropical que lleva ya incontables años alimentando su leyenda; sin duda es un lugar que atrapa a quien pone el pie en ella (y no pocos pueden dar testimonio de su irresistible atracción).

Al llegar, dejamos las mochilas en la pensión (que más que pensión es un palacio) y vamos a cenar a uno de los tres únicos restaurantes de la ciudad. ¿Quién lo iba a decir?, los precios son irrisorios hasta para tratarse de Mozambique, la comida más que excelente. En el instituto celebran la fiesta de graduación a ritmo de hip-hop; al lado, en la discoteca se mezclan negros y blancos al ritmo de un dj bien chungo. Llega Benito.

-Hola, me llamo Benito!!, soy guia turístico

-Hombree, Benito, encantado de conocerte

-Hago capoeira en la playa por las mañanas

-Coño, Benito!!, me parece cojonudo

-¿Estáis casados?

-Aquí mi hermano sí, yo soy soltero

-Yo no gusto de mujeres, gusto de follar con hombres

-Joder, Benito!! Me parece muy bien

-A mi me gusta xupar y xupar, vienen los turistas y yo les xupo y les xupo (mientras hace el consabido gesto con mano y labios)

-Qué bien, Benito, eres un tío con suerte, ¿eh?

-También tengo una barca, llevo a los turistas a las islas y pasamos la tarde buceando y yo xupo y xupo

-Carallo, Benito!!, tú no paras de xupar

-Gusto mucho de xupar y de follar con hombres (llama la atención sobre el pendiente en su oreja derecha)

-Muy bien, Benito, sólo que mi hermano y yo gustamos de mujeres

Es imposible que dos blancos juntos en una fiesta en Illa sean tomados por heterosexuales, cualquier blanco heterosexual está estratégicamente colocado junto a un grupo de jóvenes negras poniendo cara de libidinoso (mientras acaricia billetes en sus bolsillos). Los hermanos no existen. La auténtica anécdota de la noche la protagonizó un amigo de Benito, que se nos acercó al ver que Benito dejaba vía libre. Era un rasta muy simpático que había estado de visita ni más ni menos que ¡en Coruña!. Le sonsacamos la historia completa, que más o menos venía a ser que con 12 años un blanco coruñés se lo llevó a nuestra bella ciudad a encularlo con fruición y esmero hasta que se cansó de él y lo mandó de vuelta a casa de una patada. Suena sórdido, lo es, pero en Illa lo sórdido es bello, de la misma forma que las cosas bellas están cubiertas por una fina capa de sordidez.
Quitando estos viajes por el lado amoral de la realidad de Illa, la vida allí es apacible hasta extremos indignantes tal y como demuestra esta conversación, camino del restaurante, basada en hechos reales:

-Tío, espero que tengan mero en el restaurante

-Buah, olvídate; puto pez piedra, seguro

-Joder, pues voy a tener que comer camarones, vaya mierda

-Come langosta

-No, de langosta estoy frito, me jode pero tendré que pedir camarones...

Ahora mismo me pregunto: ¿qué coño hago aquí?... un lugar en el que la principal preocupación es si el marisco estará bueno o buenísimo, un lugar donde uno puede disfrutar de las más acojonantes playas, a 20 minutos en barco de vela, un lugar que es como un un mini-universo paralelo donde no existe ni el tiempo, ni el aburrimiento ni las penas... Si Pangane es el Cielo, Illa de Moçambique es el Valhlala.
Tras cinco días fabulosos nos despedimos de esta bella ciudad. Pusimos rumbo de nuevo a Harare, donde cogeríamos un vuelo para revisitar a una vieja conocida, Maputo.
El Norte de Mozambique es una zona maravillosa, un lugar donde los sueños que de pequeños nos asaltaban al ver aquellas películas sobre lugares exóticos y personajes extravagantes (tipo “El rey de los Mares del Sur”) se hacen realidad y donde aún se puede saborear en el aire las últimas bocanadas de aquel colonialismo (hoy ya inofensivo) que fue la última gran promesa de aventura que tuvo el hombre “civilizado”.
Ya sé dónde quiero ir cuando muera.







Siempre que voy de excursión con mi hermano acabamos pasándolas putas por no llevar el equipo necesario. No es que seamos unos locos, es que nos creemos (subconscientemente) que somos Robinson Crusoe y que la naturaleza nos proveerá de lianas para tejer mantas, madera para construir refugios y que las olas del mar nos dejarán picos, palas, un machete y pólvora. Esta vez fuimos previsores y sólo nos quedamos sin agua, sin gas y sin pasta; nimiedades cuando tienes a mano una botella de vodka, cuando la madera sobra y cuando abundan las pensiones baratas y escasean los escrúpulos. El viaje de vuelta a Harare fue un infierno (pero valió la pena sólo por llegar y encontrar la piscina limpia, transparente y fresquita).

10 nov 2008

Viaje al norte de Mozambique I: Pangane

¿Qué es un paraíso? ¿El lugar que nos merecemos después de una vida de corrección religiosa? (o tras gritar “me arrepiento!!” al cabo de una existencia dominada por el pecado?), ¿un sitio donde los placeres jamás se acaban?, un vergel de vida y belleza? No seamos frívolos, un lugar donde no existen las preocupaciones, donde la belleza no está sólo en la vista sino también en los otros 4 sentidos, donde nada cuesta el más mínimo esfuerzo... Es difícil hacerse una idea de lo que significa, muchos estaréis pensando que el paraíso es la final del Mundial con España ganando 7-0 y a dos minutos de que acabe el partido (contra Brasil), o una puerta mal cerrada en una bombonería belga (o en una cava de cervezas, también belgas), o una visa diamante en NY, o puede que incluso sea el cesto de la ropa sucia de esa chica que tanto os gusta... ah, ¿cuánta felicidad podríamos sacar de ello?, ¿cuánto tiempo duraría nuestra emoción?, ¿un par de días?, ¿unas horas?, ¿hasta que se te pase la borrachera?, ¿lo que dure el crédito?, ¿quizá hasta la próxima colada?; un paraíso no debería tener fecha de caducidad, debería ser eterno y hacernos eternos a nosotros también. Lamentablemente no existe un lugar que nos prometa dicha infinita, este mundo es un valle de lágrimas y por mucha felicidad que amasemos, alguna pena nos caerá como llovida del cielo.
Este año decidí hacer algo que llevaba mucho tiempo queriendo probar, extender el verano unos meses más. La idea es tan simple que parece tonta, pasar el verano en el hemisferio norte y seguirlo en el hemisferio sur, pero ya que vamos a viajar miles de kilómetros, que no sea un verano torremolinesco, vamos a montarlo bien. Las playas tropicales son quizá un topicazo, probablemente habrá algún retrasado que diga que vista una vistas todas (así va el mundo), pero bueno, tras la paliza mortal que me pegué el año pasado subiendo el volcán Karisimbi ya estaba un poco harto de dejarme los huevos por ver un precioso paisaje, y además, el cuerpo me pedía tranquilidad. El Norte de Mozambique es un lugar perfecto para perderse (e incluso morirse si no se anda con ojo) en sus playas paradisíacas; la aritmética no falla, sol + fina arena + Indico + cocoteros + langostas y ostras – todo rastro de hijoputa viviente = plácida estancia. Ahhh, el “dolce fare niente”, rascarla muy a gusto sobre la fina arena y bajo la amorosa sombra de un cocotero mientras un pescador te abre las ostras y las langostas se hacen solas en el carbón, ningún cabrón estropeándote la vista del Índico, eso es vida! (como decía un gran amigo mío: “hay vidas mejores, pero no son vida”).
2000 km de viaje (en dos días) por carretera, desde Harare (Zimbabwe) hasta Pangane, llegamos y… el sueño se cumple. Antes de que nos dé tiempo a decir “aparta puta” llega un pescador a vendernos un atado de langostas vivas y coleantes (click en la foto) por 4 dólares. Desde luego que podríamos haberlas sacado por 2 (también podríamos haberle mallado a hostias y enterrar después el cadáver), pero ¿nos íbamos a tomar la molestia? El mar, templadito como el biberón de un recién nacido, nos invitó a un chapuzón. La verdad, no existen palabras para describir qué se siente allí, así que sólo os diré que cuando sólo llevábamos media hora en aquella playa, ya estaba pensando en dónde colocar mi choza de paja para quedarme allí para siempre.
Un día normal en el paraíso: Nos levantamos con el sol de la mañana y vamos al pueblo a comprar el desayuno, bollitos de arroz con leche de coco, dulces de cacahuete y de coco y bollos de pan (también con leche de coco!). Té y bollos frente al mar, un bañito luego para refrescarnos y comienza el duro trabajo de ir a dar un paseo por la isla. Si vemos a algún pescador le encargamos unas ostras, o pez aguja o cangrejos (quizá un mero...), sabemos que las langostas vienen a eso del mediodía así que no vale la pena encargar de más (un kilo al día es suficiente). Las horas más duras del sol las pasamos dormitando en la cabaña o charlando cómodamente a la sombra. Cuando el sol pega menos toca el segundo baño y después la comida, marisco o pescado, no falla. La tarde está para actividades varias, como por ejemplo buscar conchas, ir a la punta de la isla a bucear, o putear un poco a los lugareños (también había que currar un poco, que las coca-colas no vienen solas del pueblo a nuestra cabaña). Cuando la noche empieza a caer es hora de preparar la cena, aunque algún día nos olvidamos de ir por comida extasiados como estábamos pasando la tarde haciendo el tonto. La noche invitaba a tirarse en la arena y disfrutar de una temperatura excelente y de un cielo estrellado como no se puede imaginar (ni en películas ni en fotos, jamás vi nada parecido al cielo nocturno de África). La hora de dormir venía a ser cuando empezábamos a tener sueño. Vida dura...
Sin embargo tuvimos que lidiar con ciertas dificultades. Un día nos despertó el ruido de un camión, era una excursión: una excursión de “viajes de aventura” de catalanes. La verdad, poca aventura veía yo en el hatajo de viejos podres y de vacas pardas que estaban montando un pic-nic en la playa como si estuviesen en Canet de mar, sólo faltaba la paella (el vino, la ensalada y la escalivada estaban servidas, hasta tenían a un chuloplaya con gafas de sol y fardahuevos que iba de un lado a otro con el pecho palomo al viento). Todos acampados frente a nuestra cabaña, jodiendo el paisaje. Cuando hablamos con el guía de la excursión nos contó que hacían una al mes, desde Lusaka a Dar es Salaam, haciendo el trayecto Mocimboa – Dar es Salaam en avioneta.
La verdad, esto de los “viajes de aventura” es una mierda, las únicas emociones que encontrarás serán las diarreas en el váter y las medusas en el mar (ambas las puedes conseguir fácilemnte en España), lo demás está programado, calculado y preparado para que sea lo mismo que un viaje del inserso por la Costa Brava pero en África. Dar es Salaam es el Torremolinos del Indico (y Zanzíbar el Benidorm), así que las posibilidades de hacer algo diferente están antes de llegar allí, pero es que si te plantan dos días es una isla desierta que parece la del Lago Azul y te dedicas a hacer el guiri... cada loco con su tema. Mi recomendación para todos los que quieran pasar unas vacaciones exóticas con spanish pack (animadores de hotel incluídos) es que pasen de falsas aventuras, si tienes 3.000 euros para tirar en un viaje de aventura del palo mejor te los gastas en ir a Zanzíbar a pasarlo como un octogenario con un bote de viagra.
Los días de Pangane sólo puedo describirlos como la más plácida de las existencias, no sabía lo que era la tranquilidad hasta que la viví allí y sólo lamento no haberme quedado en sus cálidas arenas para el resto de mi vida, gozando de sus infinitos placeres y de la paz más absoluta, pero el viaje tenía que continuar hacia otro paraíso: Illa de Mozambique. Además, se acercó una tormenta del carajo y tuvimos que salir por patas...

9 oct 2008

Bélgica y los belgas

Cuando me empecé a plantear las vacaciones de este año, mi madre me salió con pasar 10 días en Bélgica, cosas de reuniones familiares. La verdad, para qué reunirse en el hogar, en torno a la mesa familiar cuando se puede uno reunir en un pais extranjero, en torno a unas ollas de mejillones?, porque los belgas comen mejillones, un montón, y nada de gofres y chocolate, eso se lo dejan a los turistas. La verdad es que se lo han montado muy bien; durante estos 10 días no he visto a un maldito belga gordo, son todos más bien delgaduchos. Esto me ha llevado a pensar que los belgas han ideado dos industrias paralelas encajadas en su plan para dominar el Mundo: el chocolate y la cerveza. Da la impresión de que los belgas se han propuesto subyugar al resto de europeos haciéndoles engordar y provocándoles diabetes y enfermedades coronarias de una manera muy ladina, producen un chocolate fino y delicioso, adornado con todo tipo de aromas y sabores y en plena zona turística te plantan cincuenta tiendas de bombones y así el pobre turista no puede evitar caer en la tentación de comprar kilos y kilos de rico chocolate para desgracia de su figura y la de sus amistades (que recibirán su dosis mortal en forma de souvenir). Lo de la cerveza es un escándalo, hay tal variedad y están todas tan buenas que uno se plantea el irse a vivir allá sólo por tener tiempo para ir probándolas. Entras en un restaurante y, sospechosamente, mientras en la carta hay cuatro páginas dedicadas a enumerar cervezas, los belgas están sentados a la mesa con agua o un vino, excepcionalmente tienen una pilsen ligera a la que le dan sorbitos cortos. Sólo los ves cargados (hasta los topes) de birra cuando salen de noche (es decir, cuando saben que se van a poner tan ciegos que van a vomitar). El belga exporta cerveza y chocolate mientras en su casa masca mejillones holandeses y bebe vino francés, y mientras el resto de europeos nos dejamos seducir por los cantos de sirena de su mesa ellos hacen deporte sobre sus bicicletas y comen saludablemente. Definitivamente los belgas son unos cabrones.
Los belgas son gente enamorada de su trabajo, es difícil verles trabajando alguna vez, pero eso es sólo porque se pasan el día suspirando al vacio y escribiendo poemas de amor y notas de agradecimiento a sus jefes. Para evitar empacharse de tanta felicidad, los comercios abren a las 10 y a las 17 ya están cerrados casi todos, los restaurantes abren 4 días a la semana (los que tienen calendario de apertura, otros simplemente abren cuando les da la gana), extensible a los puestos ambulantes de comida (ay, los escargots!!!) en los que se suele trabajar dos horas los días que se trabaja, aunque sin duda, las más comedidas en su trabajo son las cajeras (y cajeros) de supermercado. Siempre he creído que el trabajo más tranquilo y relajado del mundo era el de probador de colchones, ahora sé que comparado con ser cajero en Bélgica es un trabajo harto estresante. Uno les mira y acaba adormecido admirando la gracilidad y parsimonia de la que hacen alarde para pasar un simple paquete de galletas por el escáner, son gente curiosa y les gusta observar detenidamente cada objeto que llega a sus manos para componer poesía (por cada pieza, un haiku, excepto por las bolsas de fruta, a las que les dedican no menos de un soneto). La verdad, viéndolos uno no puede más que sentir que eso es lo que quiere hacer en los últimos años de la vejez, cuando las fuerzas ya nos abandonan y sólo buscamos la placidez y la reflexión.
No todo es malvado en el país de Tintín, no todo son soberbios chocolates y poderosas cervezas, también tienen un magnífico gusto para programar música. En los diez días que estuve, allá donde sonase una radio o un hilo musical no paraba de encontrarme con David Bowie, Kylie Minogue, Aretha Franklin, Supergrass, White Stripes, Guns’n Roses, France Gall, Rolling Stones o Cramberries (mención especial para la tasca asturiana donde ponían Manolo Escobar y Joselito), es decir, variado y bastante bueno. En concreto querría destacar el hilo nusical del metro, que suena mucho mejor que cualquier garito del Orzán en Coruña (botellón al metro de Bruselas, que además te dejan beber en el andén pero no en el vagón).
Otra cosa buena que tiene los belgas es su sentido del humor, del que no hacen alarde ni en conversaciones, ni en series ni en teatros, todo lo reservan para hacer carteles. Uno va por el metro seguro incluso siendo un bohemio, porque los carteles de las escaleras mecánicas le advierten que su larga bufanda puede enredarse en el mecanismo y estropearle el día. En los carteles de la estación se dirijen a los usuarios de esta guisa: “la señal sonora no está para animar la estación”, “los pasamanos no están para decorar” o “la línea de seguridad no está para hacer bonito”. Son unos cachondos mentales, si algún día he de diseñar un cartel se lo encargaré a un grafitero belga.


13 ago 2007

Desde Schiphol con amor

Sin duda, el peor momento de un viaje es el regreso. Poco importa que uno tenga muchas o pocas ganas de volver, el trayecto de vuelta es siempre un castigo inmerecido para el intrepido viajero que un dia, ilusionado, partio a conocer tierras extranyas. Vamos, que cualquiera podria decir que el trayecto es el mismo pero al reves, aunque hay una grandisima diferencia filosofica en "ir" y "venir". El que va, esta expectante, las cosas le resultan nuevas y excitantes; en cambio el que viene esta aburrido, deseoso de acabar de una vez por todas con el incomodo tramite de regresasr al punto de partida. Mientras me aburro mortalmente, tirado por los diferentes suelos de los aeropuertos, me fijo en el tipo de blancos que te sueles encontrar en los aeropuertos africanos. Un primer tipo, el mas abundante, son los acolitos de las muy variadas congregaciones religiosas que hacen su Agosto por Africa adelante, presbiterianos, evangelistas, adventistas, y demas calanya, todos juntitos como un buen rebanyo, con sus camisetas iguales, sus sonrisillas iguales y sus pensamientos iguales (esto me hace reflexionar sobre los avara que llega a ser la iglesia catolica, a mi lo mas lejos que me llevaron en mi parroquia fue a Perbes). El segundo tipo son los pijos de medio pelo que se van de safari, que los reconoceras porque van vestidos del Coronel Tapiocca y no se hablan con sus hijos, que estan muy ocupados jugando a la psp. Se supone que han pasado unos dias excitantes, en un pais exotico, viendo cosas que la gente normal solo ve si se queda despierta durante los documentales de la 2, y alli estan, callados como tumbas, 4 miembros de la familia mirando al vacio y 2 mirando una pantalla lcd; son la misma imagen de la decepcion, seguro que los chavales se lo hubiesen pasado mejor solos en casa aprovechando la cama de sus padres mientras estos fotografiaban monos y memorizaban el itinerario recorrido para poder soltarlo delante de sus amigos entre frases trilladas como "no sabes lo bonito que era aquello" o "fue toda una aventura". El tercer gran grupo son los americanos, que van en manada, con sus cuerpos hinchados (y sus mujeres hinchadas), todos rojos y sofocados, se rien de todo y no se callan ni para escuchar los avisos de megafonia. La verdad, nunca hasta hoy me habia parado a pensar lo mucho que tienen en comun una reunion de americanos viajeros y la feria del mueble de A Estrada...
De Nairobi a Amsterdam vine en un Boeing 747, famoso por su relaccion con todo tipo de desastres cinematograficos. Me di cuenta de que no me iba a librar de mi personal desgracia a bordo del 747 cuando la vi sentada en el asiento de al lado: un septagenario de Detroit, que carraspeaba y esputaba a cada minuto (incluso dormido!) y que fue vaciando poco a poco el contenido aereo de su prominete vientre durante las 7 horas que duro el vuelo... menudo viaje...

9 ago 2007

Historia de una subida y una bajada


Este fin de semana pasado se nos ocurrio dar rienda suelta a nuestras ansias aventureras, asi que reservamos dos dias para escalar el monte Karisimbi, un volcan extinguido que tiene la friolera de 4,507 metros de altura. No queriamos ver gorilas (500 dolares por persona por ir a verlos es un buen motivo para la indiferencia ante su extincion), queriamos poner nuestros pies en la selva de montanya y pasar una noche al amparo de las lianas, asi que pedimos un guia y una escolta armada y nos fuimos a Ruhengueri, el pueblo al pie del Volcanoes National Park. La noche que llegamos nos alojamos en un albergue cristiano donde nos sirvieron una estupenda cena... ahi comenzo nuestro particular via crucis. A la manyana siguiente, con un caldero de agua para ducharnos, nos pusimos en marcha en un Land Rover alquilado hacia el pie del volcan junto con un companyero nuevo de viaje, Mike, un americano que tuvo la misma feliz idea que nosotros. En el horizonte se elevaba una inmensa mole, tan grande que no cabia en el encuadre de la camara, la montanya mas grande y mas ancha que jamas habia visto hasta el momento, cual fue mi sorpresa cuando me dijeron que ese no era el Karisimbi, sino el Bisoke; el Karisimbi se alzaba hacia el oeste, con un tamanyo y una altura que hacian parecer al Bisoke un soufle malparido.
Recuerdo con una sonrisa en los labios aquellas peliculas de Tarzan, donde los malvados hombres blancos que iban a joderle la vida a los elefantes llevaban un sequito de porteadores negros que siempre acababan cayendo por precipicios, siendo devorados por fieras, despedazados por tribus hostiles, aplastados por elefantes... nosotros no llevamos porteadores, craso error, porque por unos miserables 10 dolares que valia cada uno, nos hubiesemos ahorrado muuuchas dificultades, asi que un consejo por si alguna vez os vais de excursion a la selva: que lo lleve el negro, miles de imperialistas no podian estar equivocados (ademas, tienes la satisfaccion de estar manteniendo un puesto de trabajo). Os lo recomiendo con todo mi corazon, llevad porteadores.

La subida fue infernal, tardamos cinco horas en llegar al campamento, situado en la cota de los 3,600 metros. Durante las dos primeras horas el camino fue duro, el equipo pesaba una barbaridad y habia que subir laderas empinadisimas, a veces habia incluso que escalar. Las tres horas siguientes fueron las mas agotadoras de mi vida. Comenzo a llover de forma torrencial, canyadas, esplanadas, riachuelos, barrizales, jungla, jungla, jungla y mas jungla, y todo cuesta arriba, cada vez mas empinado, a cada paso mas cansado; pasados los 2,500 metros ya no sabia si me asfixiaba por la baja concentracion de oxigeno o porque tenia los pulmones encharcados de agua o porque ya no me quedaban fuerzas ni para respirar. Llegamos totalmente rotos al campamento, y por suerte, dejo de llover. Estabamos calados hasta los huesos, embarrados hasta la cintura y lo unico que ansiabamos era una hoguera donde poder reconfortarnos. Montamos la tienda, y (oh, sorpresa!) resulto que la lluvia habia calado en nuestras bolsas, mojando ropa y sacos de dormir, pero ya estabamos demasiado cansados como para preocuparnos, y nos echamos a descansar hasta que los soldados empezaron a encender la hoguera.
Encender hogueras con madera mojada, sobre tierra mojada y en un ambiente que mas que humedo estaba mojado no es facil; tres horas se tardo en lograr la proeza de que prendiesen aquellas ramas, ya hacia tiempo que habia anochecido. Hacia un frio de muerte, solo al lado de la hoguera uno podia disfrutar de algo minimamente parecido al comfort. Mientras nos secabamos al calor de la hoguera estuvimos de chachara con los soldados. Cuando por fin nuestras botas estuvieron secas, cenamos y nos fuimos a dormir, justo a tiempo, porque empezo a llover de nuevo... toda la noche...
Nos levantamos a las 5 de la manyana, no nos despertamos, simplemente porque fuimos incapaces de dormir, entre el frio, la lluvia, los truenos, el viento y la humedad no habia quien pudiese dormir ni cinco minutos seguidos. El panorama era desolador, los ultimos 900 metros habia que hacerlos escalando, bajo una intensisima lluvia, para luego encontrarnos con la cima cubierta de nieve. Sopesamos las opciones: subir bajo aquella tormenta con la unica ropa seca que nos quedaba para (en el caso de que la nieve nos dejase llegar a la cima) no ver absolutamente nada desde la cima o quedarnos. He de decir que por primera vez en nuestra vida, mi hermano y yo tomamos una decision racional en una situacion de ese tipo, nos quedamos, y nuestra racionalidad fue recompensada cuando tres horas despues, el guia bajo con Mike (que habia decidido intentarlo) vencidos porque la nieve bloqueaba el paso. Tras recoger las tiendas y el equipo, y desayunar un poco, llego el momento de bajar.
Estabamos rotos de cansancio, dormidos, se nos habia acabado el agua, hacia un frio de la leche, llovia a cantaros... fueron cuatro horas de bajada, sorteando rios improvisados, atravesando pantanales, bajando por coladas de barro, saltando, deslizandonos, resbalando y cayendo. A cada paso que daba me preguntaba como demonios habia conseguido subir aquello el dia anterior (la verdad, hoy me lo sigo preguntando), y lo peor no era el cansancio, era el dolor. Tenia la espalda destrozada de haber cargado montanya arriba, durante cinco horas con la mochila y un bidon de agua de 5 litros (ay porteadores!). No paro de llover hasta que llegamos al pie de la montanya, para entonces lo unico que me reconfortaba era pensar en una ducha caliente y una cama mullida, sin embargo a nuestro guia se le ocurrio la genial idea de desviarnos para atravesar... un excitante campo de cultivo de patatas. Los motivos por los que aquel hijo de satanas nos desvio dos kilometros de nuestra ruta los sabra el, y he de decir que el trecho por entre las patatas fue el mas penoso de todos por ser el mas aburrido.
Al llegar al autobus de linea, mojados, embarrados, torcidos y de mala hostia, aun tuvimos que pelear para conseguir unos buenos asientos; hicimos el trayecto de Ruhengeri a Kigali (3 horas) con los pies nadando en nuestras botas. Al llegar, tortilla de patatas, ducha y a la cama.

Esto hay que vivirlo, por mucho que me esmerase en explicarlo, describir lo que se siente subiendo ese volcan es insuficiente. A cada paso que daba, un cuadro, una obra de arte rociada por la lluvia, los sonidos de la jungla, la vida que bulle por todos lados, todo fue increible, y lamento no haber podido tomar muchas fotografias, porque la lluvia era tan fuerte que sacar la camara era arriesgarse a que se estropease. Todo el sufrimiento valio la pena, es mas, sin sufrimiento no habria sido tan especial. Eso si, como bien se dijo durante el ascenso "la proxima vez gastare el dinero en un spa".

1 ago 2007

Educacion tercermundista


La semana pasada asisti a un congreso aqui en Kigali, First International Research Conference on Biodiversity, and Natural Resources Management. Siempre he sido muy aficionado a los congresos, especialmente a aquellos en los que sirven canapes y refrigerios (de hecho los suelo apreciar segun la cantidad/calidad de comida gratis que te dan), mucho mas que a ir a clase, y eso que en esencia viene a ser lo mismo: te sientas en una sala amplia donde te ponen diapositivas o filminas mientras un supuesto erudito te explica el porque de las cosas... el trato es lo unico que cambia, porque en un congreso, asi seas un miserable estudiante de primero que ni sabe por que ha escogido tal o cual carrera, la gente te trata como si todo eso fuese contigo, dan por sentado que lo que alli se esta diciendo te interesa y por ello te hacen sentir como uno mas, pequenyo pero integrado en la comunidad cientifica; sin embargo, cuando estas en clase frente al profesor las cosas tienen una forma muy diferente. Tu eres un enano, un loro al que amaestrar, el profesor esta no solo por encima de ti, sino en un nivel superior que te esta vedado. Asi esta la universidad publica (la que conozco y muy bien, tras pasar por tres universidades; de la privada nada se, solo que es muy cara para mi), llena de gente elegida por su capacidad para memorizar, a traves de oposiciones, o por su capacidad para lamer culos, a traves del enchufismo; nadie es profesor por sus dotes a la hora de ensenyar. He tenido algun que otro buen profesor (me acuerdo especialmente de mi profesor de Fisica de los procesos biologicos, en la universidad de Corunya), quiza cinco entre setenta, una media alentadora en un pais famoso por la pena que da su sistema educativo. Los profesores (sobre todo los de universidad) parecen olvidarse de que se les esta pagando para formar a los estudiantes, en vez de eso parece que su cometido sea simplemente justificar su sueldo. Se que queda muy panfletario, pero no se puede ensenyar para vivir, un verdadero profesor vive para ensenyar.
Si Espanya tiene una de las mayores concentraciones de burros por metro cuadrado (y luego dicen que el burro es una especie en extincion, no sera por la gracia de la LOE, que fomenta su cultivo extensivo en colegios, institutos y universidades), es gracias a un sistema de evaluacion pobre, inexacto y retrogrado. Poco importa como expliques una determinada materia, si al final evaluaras simplemente la cantidad de conceptos que un estudiante es capaz de meterse en la memoria a corto plazo (para luego ser reemplazados por los resultados de las quinielas, la agenda de citas de la semana y la pagina web esa de las tias sin rasurar poco despues del examen). Siempre he pensado que el conocimiento es virtud de los libros de la misma forma que la inteligencia lo es del ser humano. "Si quieres que alguien coma un dia dale un pez, si quieres que coma el resto de su vida ensenyale a pescar"... esta frase tan trillada y que tanto se utiliza cuando la gente hace referencia al Tercer Mundo (tercermundista es nuestro sistema educativo) deberia estar pintada en letras grandes en el fondo de todas las aulas del mundo, para que los profesores la viesen todos los putos dias de su vida ( y anyadiria "y ahora deja de mirar al vacio y concentrate en tus alumnos, cabron/a").

Me lo pase muy bien en el congreso, vi a gente importante (tres dias en el pais y ya tenia al presidente de la republica tomando unos pinchos a mi lado, este sitio es la leche), vi en persona a gente que solo conocia por ser los autores de muchos libros que he fotocopiado, charle sobre ciencia (cosa que solo puedo hacer en contadas ocasiones) y aprendi un huevo de cosas sobre gorilas. Pero lo mejor, lo mejor, lo mejor de todo fueron las dos comidas, la cena, los ocho "tea breaks" con pastitas y el cocktail de despedida que me sople por la cara... en Rwanda definitivamente saben tratar a un oportunista como yo.

22 jul 2007

Cuentos populares: la vaca, el gallo y el perro



El transporte publico en Africa es una de las, no pocas, curiosidades a las que vale la pena echar una ojeada de cerca, teniendo siempre un poco de precaucion. Aqui en Ruanda, por ejemplo, hay taxis, mototaxis (te subes de paquete en una moto, te pones el casco y a donde tu digas), autobuses (en condiciones optimas si los comparamos con los de Mozambique) y los maravillosos chapa, presentes en casi todos los paises africanos, que vienen a ser furgonetas a las que les montan asientos por todas partes y que hacen trayectos predefinidos, eso si, con la condicion de que no arrancan hasta que estan llenos. Es raro ver a un blanco en un chapa, porque los residentes suelen tener todos coche y los que estan de vacaciones pueden permitirse perfectamente un taxi que resulta mucho mas practico; ir en chapa esta reservado para los locales, los blancos pobres y los blancos avaros. No me gusta ir en plan turista a ninguna parte, me parece estupido ir a un pais y no observar la sociedad de cerca, caminar entre ella, pero pretender mezclarme con la gente me parece no ya estupido sino directamente ridiculo, yo pertenezco a ese infimo porcentaje de blancos pobres-avaros que hacen de su condicion una ventaja: no tengo dinero, pero soy rico en experiencias, y soy avaro pero no me creo superior por haber nacido en Europa. Los chapa son incomodos, a veces peligrosos, huelen a sudor, vas apretujado y encima no te suelen librar de una caminata... del aeropuerto del Prat a mi casa se tardan menos de diez minutos en taxi, la factura suele rondar los 17 euros, si por el contrario utilizas el tren, luego haces trasbordo y finalmente coges el tranvia llegaras con suerte en hora y media, pero te habras gastado 69 centimos; no es solo una cuestion de dinero, es una cuestion de dignidad. Por eso, siempre que no tengo prisa me alegro de poder gastarme mis 16,31 euros sobrantes en algo que realmente me interese.
Hay un cuento popular, que al parecer se cuenta en todos los paises africanos, relaccionado con los chapa. Un dia, se subieron a un chapa una vaca, un gallo y un perro. La vaca se bajo en su parada, pago y se quedo tan tranquila. El perro no llevaba cambio, asi que el condoctor le dijo -no te preocupes, ahora me pagara el gallo y tendre cambio para darte. Sin embargo, el gallo iba sin un duro, y en cuanto oyo eso, echo a correr escapando del chapa para no tener que pagar. El conductor arranco a todo trapo para ir tras el pillo gallo que escapaba, dejando atras al perro, el cual se puso a correr tras el chapa gritando como un poseso -mi cambio!!, mi cambio!!!. Por eso, cuando pasa un coche, las vacas se quedan tranquilas mirando, los gallos huyen a todo meter y los perros los persiguen ladrando.

20 jul 2007

Viajando por el ancho mundo: Passport to Danger



En el fondo, los viajes son una mierda, no solo cuestan un dineral (no me refiero unicamente a aviones y hoteles, tambien esta la ropa que te compras, las chorradas que piensas que seran utiles, los taxis, los visados, los sobornos... y luego que si un regalito por aqui, otro por alla...) ademas estan las esperas en los aeropuertos, los retrasos, las complicaciones con los de inmigracion, lo jodido que es dormir en clase economica y los incidentes varios como perder el pasaporte cuarenta minutos antes del cierre de facturacion...

Hace unas semanas, viendo Yo Soy Bea, me reia del iluso que tenia el pasaporte caducado y pretendia renovarlo a tiempo en la comisaria del aeropuerto para coger un vuelo... pues he de decir que si, es posible hacerlo. De hecho, si no hubiese sido por una zorra que estaba en los mossos llamando a la India por sabe Dios que conflicto diplomatico hasta hubiese ido holgado de tiempo. Recomendacion: nunca vayais a coger un avion al extranjero sin llevar un par de fotos vuestras de carnet en la cartera, os puede salvar el dia. Con todo, mientras estaba ultimando mi nuevo pasaporte, aparecio el viejo (junto con mi cartilla de vacunaciones) y todo fueron risas y alegria donde antes eran nervios y prisas (da gusto ver que la gente se alegra cuando te van bien las cosas), hasta me sobraron 6 minutos para facturar.

Despues de cosas como esta, llegas a Kenya y te da la risa cuando te dicen que para ir a recoger tu maleta tienes que pagar el visado de entrada al pais porque la zona de recogida esta despues del control de inmigracion, juas, estaba dispuesto hasta a irme sin pasaporte si fuera preciso y este loco me pide un visado, nada como el buen humor y una anecdota dicharachera para solventar dificultades en Africa (y si llegara el caso, siempre se puede recurrir al soborno, pero resulta un poco estupido sobornar a alguien cuando precisamente lo que quieres es ahorrarte unas pelas...). En fin, en la aduana de Ruanda tuve un par de conversaciones bastante divertidas; una verso sobre la cantidad de identificaciones que tiene el europeo medio y la otra fue tal que asi:
-Tiene usted la peticion de visado?
-Se lo estoy pidiendo ahora, tengo que hacerla por escrito?
-No, usted tenia que haber solicitado una peticion de visado mediante la web del Ministerio de Asuntos Exteriores de Ruanda
-Ah, si. Hice la peticion, pero no me mandaron nada, si sus funcionarios son tan poco rigurosos, no me pida que haga milagros
-Pues no puedo concederle un visado sin la peticion previa
-Por favor, se cree usted que vengo aqui por gusto?, vengo a visitar a mi hermano, al que hace muchisimo que no veo; me esta diciendo que me va a negar la entrada al pais?
-Usted tenia que haber traido la solicitud
-Los americanos entran en el pais sin visado y a mi, que soy europeo me tratan como si fuese un terrorista (por regla general, cagarse en los americanos es una buena forma de despertar simpatias)
-(risas) Esta bien, puede usted pasar a pagar el visado, pero la proxima vez se va de vuelta a su pais
-(en gallego, por si acaso la chica sabia algo de spanish) Te crees tu que voy a volver, zorra. Thank you, thank you so much.



Suerte que no me abrieron la maleta, llevaba embutidos como para quitarle el hambre a la mitad de la poblacion.
pd: no hay acentos y ademas me las he tenido que ingeniar para no poner enyes, es que odio escribirlas asi...