14 feb. 2009

Del Evolucionismo al Creacionismo, pasando por la materia Oscura

Ahora que hasta en los semanales de los periódicos se pone en tela de juicio al pobre Darwin quiero romper una lanza a favor de esos grandes desconocidos para la gente de a pie que son los científicos. La mayor parte de la gente tiene una idea muy vaga de lo que significa el pensamiento científico, muchos se han quedado con el empirismo como dogma de fe (cosa medianamente razonable) pero lo aplican como se aplicaba en el siglo XVII. Eso de “Nada es cierto hasta que se demuestra científicamente” es una verdad muy a medias, baste decir que hace dos siglos era imposible detectar y cuantificar la radiación y eso no quiere decir que no existiese hasta que la señora Curie se pilló un cáncer. Podríamos modificar la expresión así: “Nada se puede afirmar categóricamente hasta que es científicamente demostrado”, que es básicamente la idea que se ha venido teniendo en el último siglo; sin embargo (y esto es algo que no suelen decir en las escuelas) existe una enorme salvedad, una especie de seguro, y es que “Toda teoría reconocida por la comunidad científica es cierta hasta que se demuestre lo contrario”; es por esto que las teorías (como la de la Relatividad) se llaman teorías y no leyes. No sé si la gente sabe que en Ciencia no existen muchas certezas absolutas, de hecho, la lucha que los racionalistas mantienen con los cristianos desde hace siglos no es más que una confrontación sin sentido de teoría vs dogma.

(Lucha dialéctica entre un racionalista y Rouco Varela):
-Mi papá dice que el Universo se formó con el Big Bang
-Pues mi Papá creó el Universo

A la gente, hoy por hoy les parece que lo que afirman los curas en la iglesia son chorradas porque todo el mundo sabe que el Universo se formó con el Big Bang. De hecho una enormísima cantidad de la población es capaz de decir esto sin titubear un instante y quedarse tan anchos. Pues vaya, ahora habría que preguntarle a esas personas si son capaces de explicar el Big Bang, cómo se generó la energía que lo provocó y de dónde rayos salió toda la masa que hoy día forma el Universo. Esta gilipollez no es tal si reflexionamos sobre el hecho de que la gran mayoría de la gente no sólo no tiene ni puta idea de los mecanismos de la Física, sino que además esgrime argumentos científicos sin tener ni pajolera idea de en qué consisten. Digamos que hoy por hoy, con la religión a la baja, la gente se ha buscado una nueva forma de explicar el mundo, creer en la Ciencia. De este modo, Dios ha sido sustituido por la Ciencia, no el pensamiento dogmático por el pensamiento científico y aquí comienza el verdadero problema, y es que un ignorante no deja de ser ignorante sólo porque lo que dice sea cierto.
Si hoy por hoy, las grandes cabezas científicas se reuniesen todos y dijesen: “Vamos a hacer una simulación por ordenador en la que cuadre que el universo fue creado por el pedo que se echó un enorme conejito de Duracell (primigenio, claro está)” una inmensa masa de gente se quedaría boquiabierta ante el nuevo descubrimiento científico que por fin explica la razón de la existencia, y los científicos descojonándose de la broma que nos han gastado. La gente simplemente escucha que unos científicos muy sabios han demostrado tal verdad y haciendo uso de esa fe que ahora han puesto en la Ciencia se lo tragan sin rechistar demasiado. Cierto que la comunidad científica es muy grande y evidentemente aparecerían voces discordantes, pero imaginaos que los gobiernos fuesen raudos a cambiar los planes de estudio de sus países y en la escuela se enseñase “La ignominiosa teoría del Pedo-Bang”… Bien, esto suena muy delirante, lo sé; quizá en realidad es un supuesto absurdo ¿no?.
En 1974 un par de científicos de la universidad de Princeton llamados Peebles y Ostriker, quisieron calcular (con mucha paciencia) la cantidad de materia que hay en el Universo. Juntaron las observaciones astronómicas con unas cuantas leyes físicas muy asentadas como la Ley de la Gravitación Universal de Newton y diseñaron una simulación por ordenador para comprobar si sus cálculos eran correctos. Las galaxias que salieron de esa simulación se colapsaron, había algo que no cuadraba. Básicamente, la cantidad de materia calculada no era suficiente para mantener el Universo íntegro, no se generaba la suficiente gravedad para que las galaxias tuviesen la forma que tienen. Y esto no es todo, se llegó a la conclusión de que la materia atómica (la de toda la vida) es sólo el 4% de la materia total del Universo. Digamos, para entendernos, que si la materia (como hasta entonces se daba por cierto) estaba formada por átomos, simplemente lo que veíamos en el Universo no era posible. Así que la comunidad científica se puso a cavilar, ¿existirá un tipo de materia no atómica que pueda generar gravedad?, ¿y dónde coño está?. La respuesta vino rauda y veloz, debía existir pues una materia no atómica, que no puede detectarse y que al parecer está absolutamente por todas partes (incluso dentro de las vacías cabezas de los curas) que fue llamada, en virtud a su indetectabilidad, Materia Oscura. Los científicos ardían de placer, el descubrimiento más importante de la historia de la Ciencia acababa de ser expuesto. Claro que salieron al paso un gran número de científicos escépticos a los que todo eso les sonaba a cuentos chinos mandarinos, así que como en Ciencia “Nada se puede afirmar categóricamente hasta que es científicamente demostrado”, el Club de Amigos de la Materia Oscura se puso manos a la obra para obtener evidencias claras de la existencia de la niña. Cabe decir que detectar un tipo de partícula que es por definición indetectable es harto complicado, así que la investigación discurrió por dos vías: La primera partía de la base de que nuestra tecnología no era lo suficientemente avanzada como para detectarla, así que se comenzó a investigar la forma de conseguirlo en los aceleradores de partículas y demás trastos que algunos chiflados dicen que traerán el fin del mundo; es justo decir que todavía ná de ná. La segunda vía era pues una vía teórica, había que hacer muchísimos más cálculos con muchísimos más datos para ver si la teoría se sostenía. Se utilizaron radiotelescopios, sondas y (cómo no) el famoso Hubble, se cuantificó hasta el polvo espacial, se procesaron millones de cálculos con miles de ordenadores y todo dirigido por brillantísimos científicos para llegar a una segunda conclusión (tras casi 4 décadas), que es hoy por hoy el llamado Modelo Estándar que viene a decir que el Universo está compuesto de un 4% de materia atómica, un 21% de Materia Oscura y (atención) un 75% de Energía Oscura, que como ya habréis adivinado es un tipo nuevo de energía que no se puede cuantificar. Este modelo es el modelo más aceptado hoy por hoy en la comunidad científica, avalado por un sinfín de pruebas que no voy a poner aquí porque esto ya se hace demasiado largo (para los que queráis saber más, Internet está ahí) y además, realmente no vienen al caso para lo que quiero explicar.
Bien, pues hay un grupo (grande, he de decir) de científicos que no están de acuerdo con esto, de ellos el que más cacarea es Mordehai Milgron, que dicen que todo esto es una chorrada, que en vez de buscar materias imposibles y energías poco más que místicas lo que hay que hacer es revisar la validez de la Ley de la Gravitación Universal para los cuerpos que excedan cierta masa, al fin y al cabo, ya se ha demostrado que la Ley no se cumple a escala nanométrica (es decir, en cantidades muy muy muy pequeñas de masa, y que es la base de un enormísimo y ambicioso proyecto científico que es la nanotecnología) y que ¿por qué no iba a pasar lo mismo a escala cósmica?; a esto se le llama Teoría de la Gravedad Variable.
¿Quién tiene razón?, a mí no me lo preguntéis, lo mío es la Genética.
Bien, el Modelo Estándar pone en entredicho el empirismo puro y duro del “ver para creer”, más bien es todo lo contrario, es una revolución en el pensamiento científico, es el “creer para ver” del siglo XXI, ¿o quizá no es tan nuevo?. ¿Qué diferencia existe entre afirmar que una cantidad enorme de masa y energía indetectable mantiene la cohesión del Universo y afirmar que un Ente indetectable hace lo propio?.
El problema siempre ha estado ahí, ha acompañado al ser humano a lo largo de toda su existencia, no tenemos muchas certezas absolutas porque nuestro intelecto, y por ello nuestra ciencia (que no Ciencia), es limitado. Hoy por hoy sabemos muchas cosas, y tenemos aviones, ordenadores, ascensores, rascacielos, tostadoras, blu-ray… y todo funciona, pero seguimos sin tener la certeza de la auténtica naturaleza de la existencia. Para un verdadero científico, la duda siempre está ahí, son los fanáticos los que esgrimen dogmas de fe como si fuesen espadas. Lo que nos enseñan todos estos estudios sobre el funcionamiento del Universo es que incluso las certezas más claras y demostradas pueden tambalearse cuando se miran con perspectiva, y si esto ocurre con cosas tan investigadas (y con tantos medios) como la Astrofísica, ¿qué no pasará con las cosas que damos nosotros por sentado a diario?.




Y esto me lleva a la última reflexión, la necesidad de un pensamiento crítico, de no aceptar “lo más probable” o “lo más generalizado”, de buscar respuestas por uno mismo, aunque eso nos quite tiempo de ver la tele. Cuando la gente no es crítica la publicidad la posee, los partidos políticos les dominan (podría decirse que hasta los sistemas políticos los dominan), el arte se enmierda, cuando la gente no es crítica es esclava de su ignorancia. ¿Creéis que tenemos la mejor tecnología que se puede tener?, ¿entonces creéis que tenemos el mejor modelo social que se puede tener?, ¿y creéis que tenemos el mejor modelo político que se puede tener?. Pensad en la Evolución, y aplicad la Selección Natural.

2 feb. 2009

Si Cecil Rhodes levantase el bigote...

… probablemente Mugabe se lo inflacionaría.

Ahora que la crisis mundial ya está en boca de todos y el conflicto Palestino–Israelí es la comidilla de perrofláuticos y gabilondos voy a hablaros de una tierra de oportunidades y buen rollo, un lugar maravilloso lejos de las preocupaciones que nos quitan el sueño estos días: Zimbabwe

Cuando uno sale de Zimbabwe a visitar otros países (mucho menos guays) siempre salta la misma cuestión en la cena : “¿Qué tal las cosas por allí?”, y lo dicen con un tono que presagia una respuesta aterradora, como si no cociesen habas en todas partes. Mucho se habla de la impresionante hiperinflación del país, pero no saben verle el lado positivo, los afortunados zimbabwanos que cobran un salario (tienen un paro del 95%) van con sus carteras REPLETAS de billetes.

(Típica conversación en la panadería):
-Joder, cómo ha subido el pan, 1.200.000.000 de zims la barra
-Pché, será por billones…

El día que llegué a Zimbabwe, el dólar zimbabwano (zim) se vendía en el mercado negro a razón de 4.000 zims por dólar, dos meses después se vendía a razón de 500.000 zims por dólar. Al devaluarse tan rápido la moneda, el Banco Central de Zimbabwe tenía que sacar cada semana billetes nuevos (un aliciente para los coleccionistas), y claro, llegó un momento en el que no les salía rentable imprimir billetes porque a los pocos días no valían ni el papel en el que estaban impresos, con lo cual empezaron a imprimir menos billetes, solución muy acertada porque, a grandes rasgos, la hiperinflación del país se debe en mucha parte a la costumbre de sus dirigentes de imprimirse unas cuantas miles de planchas de billetes cada vez que quieren irse de cañas.
En Zimbabwe las telecomunicaciones son un primor, a mí el roaming de Orange me salía a 3,23 €/min. si quería llamar y a 2,42 €/min. si me llamaban. Por la contra, con las maravillosas teleoperadoras nacionales (pronto en manos chinas como en RDC) podía hablar con el extranjero durante horas por apenas un par de céntimos de dólar, eso si conseguía conectar, cosa bastante difícil (uno se acostumbra rápido a tener el dedo pulsando “rellamada” durante horas hasta que por milagro te conecta), y esto pasa aunque le pagues a Orange el impuesto revolucionario (me pregunto qué fracción de los 3,23 € va a parar a las manos de las compañías telefónicas zimbabwuanas); sin embargo pronto se acabó la bicoca, porque a principios de Noviembre la devaluación del zim era tan alta y tan rápida que a las operadoras no les salía rentable prestar servicio, así que se cortaron las comunicaciones. Cuando salí del país, sólo dos meses después de haber llegado, Zimbabwe había pasado de su esperanzadora reconversión monetaria (le habían quitado 10 ceros a los billetes, aunque luego tuvieran que añadirle otros 6) a la práctica quiebra del mercado por falta de dinero físico, y entonces va y se les rompe la máquina de hacer billetes. El sueño de cualquier anarco-primitivista, en dos meses se pasa de una sociedad capitalista a otra basada en el trueque y donde la gente se vuelve a comunicar con tambores (taparrabos ya tenía la mayoría de la población, en realidad nunca tuvieron dinero para comprar ropa).
¿Quién diría que Zimbabwe era uno de los países más ricos de África hace apenas una década?, prueba de ello son los impresionantes centros comerciales que pueblan las ciudades más importantes del país y la extraordinaria belleza de su capital, Harare (sin duda una de las ciudades más hermosas de África). Nada tiene que ver que los centros comerciales estén llenos de estanterías vacías y tiendas cerradas o que la belleza de Harare sólo puedan disfrutarla los cuatro gatos que aún trabajan en el país, porque los barrios pobres de la capital están tan lejos del centro (unos 40 kilómetros), que los “marginales” necesitan días para ahorrar lo suficiente como para costearse el viaje de ida (un sistema de ghetos heredado del Apartheid que a los “salvadores de la nación” les viene muy bien para mantener la ciudad libre de chusma).
Mi alma gallega se solidariza con el pueblo zimbabwano cuando recuerda que un tercio de su población ha emigrado al extranjero, que trabaja para enviar divisas a sus parientes en Zimbabwe para que puedan vivir. Esto, que se hace de forma ilegal, resulta muy conveniente para el gobierno, porque resulta que hace unos años tuvieron un percance con la reserva de divisas del país. Resulta que un día, aburridos de ganar dinero rascándola por las esquinas, los altos miembros del Partido (el ZANU) aprovecharon que podían comprar divisas del Tesoro a precios ridículos para “trabajar” un poco. Digamos que por aquel entonces el cambio estuviese a 1.000.000 de zims/USD, pues ellos podían comprar USD de la reserva de divisas del país a 100 zims/USD; a poco que piense uno se le ocurre la maravillosa idea de comprar USD a granel y luego venderlos en el mercado negro para conseguir sin despeinarse un beneficio del 10.000% (que luego usarían para comprar más USD a precio de ganga para repetir la operación), lástima que la reserva de divisas fuese finita y el país se quedase sin dinero para importaciones.

(Un día cualquiera en la cúpula del ZANU):
-¿Qué más da si no hay dinero para importar?, ¡tampoco exportamos una mierda!
-¡Ya te digo!, si casi ni llegamos a cubrir con producción ni el 40% de las necesidades del país
-Para comprarle un Rolls Royce a mi putilla ya tengo los ingresos por la venta de diamantes
-¡Eso eso!, ¡que pasen las putas de una vez!



La revolución comunista se vivió muy intensamente en Zimbabwe (aunque hoy por hoy los mensajes propagandísticos de Robert Mugabe recuerden más a Hitler que a Lenin) y la muestra de su enorme preocupación por la libertad de la clase obrera está en los magníficos monumentos que ha construido. Cuando los vi por primera vez no pude evitar pensar en qué tal le quedaría a Shaka el Zulú una barba marxiana, toda una oda a la libertad. En uno (muy dorado y muy bonito que reproduzco en forma de foto) intuyo la idea de los tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial (el judicial con RPG) con los que ha sido bendecida la nación que gobierna Mugabe (en el mural, liderando a las masas para causar el mayor número de bajas posible).

A todo esto, he de decir que los zimbabwuanos son gente muy amable (el verdadero valor de esa nación, no los diamantes), educada y, los que fueron a la escuela en los viejos tiempos, muy instruida. Curiosamente casi toda esa gente instruida son antigubernamentalistas, curiosamente la mayor parte de ellos acabaron muertos a machetazos o quemados vivos en los ghetos de Sudáfrica durante la última farsa que llamaron elecciones.



Ahora ya sin coñas, la verdad es que el caso de Zimbabwe no es triste sólo por su crudeza, es triste porque es sólo un ejemplo más del estado de la población en África. Si la gente piensa en África le viene a la mente la cara de un niño harapiento y desnutrido en algún campamento de refugiados, que es una imagen muy socorrida para pedir dinero para sostener las empresas (u ONG’s) que se ganan la vida echando remiendos aquí y allá; pero hasta que no nos demos cuenta de que África es un reflejo distorsionado de nuestra propia sociedad, con sus ideales propagandísticos, sus leyes para unos y para otros, su corrupción política, su analfabetismo funcional… hasta entonces esa gente no tiene futuro, son las víctimas más miserables de un sistema que nosotros mismos sufrimos y que a la vez defendemos con uñas y dientes.

Siempre que vuelvo de África y cuento mis batallitas la gente se echa las manos a la cabeza, yo cada vez veo menos diferencia entre allí y aquí. Esperemos que con la crisis no empecemos a padecer hambre…